El tratamiento protegió estructura y función visual.
Como la erucamida es altamente insoluble en agua, administrarla directamente dentro del ojo habría provocado acumulaciones y una distribución deficiente en la retina.
Para resolverlo, el equipo la introducir en nanopartículas de silicio poroso, diseñadas para transportarla y liberarla dentro del tejido ocular de los animales.
Tras el tratamiento, los ratones conservaron mayor grosor en las capas de la retina donde se encuentran los fotorreceptores y otras células responsables del procesamiento visual.
También presenta una mayor densidad de vasos sanguíneos, especialmente en regiones profundas que normalmente sufren una destrucción progresiva durante la enfermedad.
Las pruebas eléctricas mostraron una mejor respuesta retiniana ante luces intensas. Sin embargo, la recuperación fue parcial porque los fotorreceptores continuaban afectados genéticamente.
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